miércoles, 11 de diciembre de 2019

Violencia con permiso


En el presente trabajo, tengo como objetivo hacer notar algunos puntos que han transformado la visión que se tiene del activismo feminista y que lo convierte en una justificación de violencia de género hacia los hombres. Con la ayuda de algunos ejemplos y perspectivas, pretendo explicar que los ideales de igualdad y equidad pasan a segundo término, y los impulsos de búsqueda de justicia manchan la lucha de las mujeres por conseguir un nivel de bienestar para todos.
(Familia tradicional: victimización de la madre)
El modelo tradicionalista mexicano tiene bien marcado el papel que tiene el padre y la madre dentro del marco familiar. El padre se encarga de proveer el sustento de toda la casa; la madre tiene la obligación de cuidar a los hijos y encargarse del mantenimiento de la casa. Por un lado, existe un grupo de personas que consideran que ese modelo es el que se debe seguir para que la sociedad funcione correctamente, por otro lado, existe otro grupo de personas que consideran que con ese formato se victimiza a la madre y la determina a una vida miserable.
El movimiento sufragista de las mujeres les hace ver que esa vida es incorrecta, que, sin considerar los pensamientos y deseos de las personas, el hecho de que la vida familiar se divida de esa forma es represión o abuso.
(Oportunidad de cambio: educación de la madre)
A menudo se considera que la madre se encuentra en una posición de desventaja, sin embargo, si una generación se decidiera a cambiar la siguiente, no sería ya un problema. La verdad es que la madre no se encuentra en desventaja, tiene en sus manos una herramienta muy poderosa, y es la influencia instintiva que tiene sobre sus hijos. Una madre no tiene la obligación de decirle que hacer a sus hijos, sean hombres o mujeres, pero sí tiene la oportunidad de guiarlos por un camino de respeto. Siempre he creído que lo ideal no es decirle a tal o cual persona que vale más que la otra, que es diferente, especial o que el otro es inferior. Considero que no es necesario decirle a la niña que es mejor por el simple hecho de que sea mujer, pero sí es necesario decirle al niño y a la niña que ambos son capaces de hacer tareas de la casa, que ambos son capaces de aprender a cocinar.
(Preferimos celebridades a niños educados)
Nos estamos concentrando mucho en decirles a nuestros niños que exploten su capacidad creativa, que no limiten su imaginación, pero nadie les recuerda que para que puedan realizarlo también es necesario que limpien sus áreas de trabajo, que aprendan a ser autosuficientes y que no esperen que alguien más lo haga por ellos. Parece que hoy esperamos que todos los niños se conviertan en músicos, pintores, bailarines, celebridades, “influencers”, y pensamos que, si se les enseñan modales, es reprimir su expresión libre, porque creemos que pedirles que digan “por favor” o “gracias”, es violencia contra su persona.
(Niñas y niños son capaces de limpiar)
 Una niña es capaz de jugar con carritos o de construir imperios empresariales, además de lavar trastes y aprender a cocinar, pero olvidamos que un niño es capaz de hacer exactamente lo mismo. 
(“Pegas como niña”)
Pero ¿qué nos dicen las feministas radicales? Que las mujeres viven reprimidas por un sistema arcaico, retrograda, que frena nuestro desarrollo, que juzga nuestro potencial, que critica nuestra creatividad. Sí, la mujer crece marcada por el prejuicio, pero olvidamos que es sólo eso, un prejuicio. Comprendo que es una tarea titánica el querer modificar de manera mínima ese pensamiento: que los insultos, los acosos verbales, las críticas solo son palabras; también comprendo que en ocasiones esas palabras se convierten en agresiones, que a veces son irreversibles. No es mi intención devaluar el problema de la violencia contra las mujeres, pero sí es mi objetivo remarcar que la violencia existe en todas las direcciones por una misma causa: la mala educación. La lucha feminista nos hace crecer pensando que el culpable de la represión y de las agresiones es el padre, por haber sido el que salía a trabajar todos los días, en jornadas que a veces eran de 16 horas, por “autodenominarse” el jefe de la casa por aportar el cien por ciento de los ingresos, por tener que abrirse camino entre las competencias laborales. La mujer se ganó el derecho de hacer lo mismo, de luchar contra el océano de limitaciones y obstáculos, pero al parecer también se ganó el “derecho” de ser el “sexo débil”, el que padece y que por eso justifica sus acciones. En casa, o en las escuelas, cuando un niño golpea a una niña, se le castiga, pero cuando una niña golpea a un niño “no importa, ni pega fuerte porque es niña”. De la misma forma ocurre cuando en el nivel laboral una mujer no recibe castigo cuando agrede verbalmente, cuando aprovecha sus capacidades de seducción para conseguir favores de compañeros, o incluso cuando miente con el fin de perjudicar a otras personas. El feminismo radical ha logrado muchos triunfos, ha conseguido oportunidades que se les habían negado a las mujeres por siglos, pero también consiguió que se respire en el aire un aroma de tensión y miedo. Lo que pudo ser una expresión de aprecio o admiración por parte de un hombre a una mujer, se convierte en acoso, y ese juicio apresurado también es violencia. Hombres han perdido su trabajo, su casa o su familia porque una mujer pensó que estaba siendo acosada. Desde conflictos infantiles, hasta disputas judiciales, quien obtiene el beneficio de la verdad es la mujer, y es cuando ven su ventana de oportunidad para obtener beneficios que se fundan en el mismo sistema que el feminismo radical intenta erradicar.
(Justicia parcial)
En 2018, un joven argentino se quita la vida por la presión de una falsa acusación de abuso. Pero claro que el testimonio se ve opacado por que las “mujeres han sufrido más” y “¿cómo se puede comparar la muerte de un hombre con la muerte de miles de mujeres?” o porque “alguien tenía que pagar por las injusticias, sin importar que fuera culpable o no”. La muerte no obtiene su valor de quien viene, la muerte es imparcial, y la gravedad de un crimen humanitario tampoco cambia dependiendo de quien venga. Creer que la mujer merece ventaja a la hora de impartir justicia atenta contra los derechos humanos y elimina cualquier atisbo de esperanza de un mundo equitativo, pues es claro que las mujeres y los hombres son diferentes, pero eso no implica que uno merezca más que el otro.
(Más condenas, menos educación)
Seguimos creyendo que la solución está en el castigo y no la prevención. Que es preferible condenar a muerte a violadores en lugar de cambiar el formato de la educación. Porque los niños no odian a las niñas ni viceversa, en casa les dijeron que las personas son objetos, que se pueden utilizar a conveniencia, porque le dicen a la niña que baile para que sus padrinos le den dinero, o los abuelos la consientan y porque le dicen al niño que aprenda a chiflarles a las niñas para quedar bien con sus amigos. No se puede lograr el nivel de respeto mínimo si no nos concebimos como personas iguales, y no como objetos, como cifras.
(Violencia es omnidireccional)
Como cualquier idea, pensamiento, propuesta que nace con intenciones reformadoras en pos de una mejor vida, es susceptible de caer en mentes que se dejan llevar por impulsos emocionales, que no se preocupan por encontrar las bases de esas ideologías. Las propuestas feministas, las de igualdad de género, las de equidad de derechos y obligaciones tienen fundamentos fuertes y válidos, pero hoy en día están cayendo de forma muy peligrosa en personas que han crecido creyendo que pueden usarlas con fines lucrativos o perjudiciales. La perspectiva que se tiene de las activistas feministas se ve dañada por esas otras personas que justifican su violencia hacia los hombres diciendo que “todos son iguales”, que “todos merecen ser castigados”, que “todos merecen ser eliminados”.
Conclusión
El empoderamiento se define como la adquisición de poder e independencia por parte de un grupo social desfavorecido para mejorar su situación. Sin embargo, hoy se puede pensar que una mujer que adquiere ese empoderamiento, lo hace a través de una situación económica favorable, en donde ella tiene control sobre su vida, pero al mismo tiempo prefiere tener control sobre los demás. Al final del día, la idea de empoderamiento se vende como la oportunidad de control, y es más atractiva cuando ese control se ejerce sobre los hombres. Pero insisto, que lejos de buscar la erradicación del patriarcado, o el empoderamiento femenino, es necesario buscar el empoderamiento humano, en el que todas las personas son capaces de respetar y ser respetados.

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